Lupita Venegas Desde el Corazón Cuentan que existieron tres hermosos robles que crecían majestuosos en el bosque. Ellossoñaban con ser grandiosos.El primero decía: Quiero convertirme en un hermoso barco, quiero ser admirado por todos ydar el servicio más exclusivo de la época.El segundo se ilusionaba afirmando: Yo seré el cofre del tesoro más valioso en …

Lupita Venegas

Desde el Corazón

Cuentan que existieron tres hermosos robles que crecían majestuosos en el bosque. Ellos
soñaban con ser grandiosos.
El primero decía: Quiero convertirme en un hermoso barco, quiero ser admirado por todos y
dar el servicio más exclusivo de la época.
El segundo se ilusionaba afirmando: Yo seré el cofre del tesoro más valioso en la Tierra; me
tallarán y me darán una forma exquisita, me seleccionarán para esa misión. Y
El tercero, tras escuchar a sus compañeros, espetó: Construirán conmigo un alto edificio,
vistoso y real, pertenecerá a generaciones de reyes.
Al paso del tiempo, fueron cortados y arrinconados. Los tres se quejaban de su suerte y
reclamaban al Cielo por su destino desafortunado.
Un buen día, tomaron al que soñaba con ser cofre, lo cortaron y juntaron rudimentariamente
sus partes, provocando en él una tristeza profunda. Pero a los pocos días descubrió que en su
centro colocaron el más grande de los tesoros: Â ¡Jesús Niño recién nacido! Era un pesebre, el
pesebre humilde en el que nació el mismísimo Dios.
Tomaron después al tronco que había soñado con ser barco. Lo cortaron y juntaron sus
pedazos uno tras otro sin mayor elaboración. Lloraba su suerte. Pero el llanto duró poco porque con
el tiempo lo lanzaron al mar de Galilea: era una humilde barca, pero tuvo el privilegio inefable de
llevar a Cristo aquel glorioso día en que se dio la pesca milagrosa. Â ¡Era más que feliz! Pidió perdón
por haber dudado de los designios de su Creador
Finalmente, cortaron al que quería ser edificio. Lo partieron y juntaron sus piezas en forma de
cruz. Sí lo levantaron alto, pero no como edificio, sino como la Cruz en la que Cristo entregaría su
vida entera. Â ¡Mayor gloria no podía tener!
Karla, hermana mía, entrégate a amar de la forma en que Dios te lo pida; no insistas en
decirle a Él lo que te conviene…Dios sabe más.
Lupita Venegas/Psicóloga

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